TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (151). ¿BABEL O JERUSALÉN? LA HUMANIDAD ANTE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Comenzamos con este texto una serie de articulillos sobre Magnifica Humanitas (MH), la encíclica del papa León XIV dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Su nombre, León, nos remite a León XIII, el Papa que con la Rerum novarum, ayudó a la Iglesia a enfrentar las injusticias sociales de la revolución industrial: la explotación de los obreros, el conflicto entre capital y trabajo y la necesidad de un orden social más justo.

Con MH León se sitúa en esa misma tradición de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), pero abordando otras “cosas nuevas” que han irrumpido en la actualidad con extraordinaria fuerza: la inteligencia artificial (IA), la digitalización, la robótica y la concentración del poder tecnológico en manos privadas. León XIII se preguntaba cómo custodiar la dignidad del trabajador ante la explotación en la era industrial. León XIV se cuestiona cómo custodiar la dignidad de la persona humana en la era de la inteligencia artificial.

Vivimos un momento muy importante para la humanidad. La IA no es una nueva herramienta tecnológica, más eficiente, para ordenar datos o resolver problemas. La IA está transformando velozmente nuestra manera de trabajar, aprender, relacionarnos y hasta de imaginar el futuro. Y esto hasta tal punto que una pregunta de fondo de MH no es tanto: qué puede hacer la IA, sino, más bien, qué está haciendo con nosotros; qué tipo de humanidad estamos construyendo con tanto poder tecnológico.

Para ejemplificar el reto al que nos vemos avocados como humanidad, León propone dos imágenes bíblicas muy sugerentes Babel y Nehemías. Babel representa la tentación de una construcción grandiosa, eficiente y aparentemente unificada: una sola lengua, una sola dirección. Todo parece ordenado, poderoso, moderno. Sin embargo, el proyecto oculta un engaño profundo: lo pretende construir sin Dios, sin límites, sin verdadera comunión. Busca estabilidad y poder, pero termina en dispersión, busca unidad, pero produce ruptura, pretende llegar al cielo, pero sacrifica la dignidad humana en el camino.

Es el reflejo de nuestro tiempo porque está en nuestras manos levantar una nueva Babel tecnológica: un mundo donde todo se mide, se predice, se controla; donde la persona corre el riesgo de ser reducida a simple consumidor, votante manipulable o desechable. Nos avisa León que la IA puede ser presentada como neutral, pero que realmente nunca lo es porque depende de quién la diseña, la financia o la controla. Y que los intereses de estos quedan ocultos detrás de su aparente objetividad.

Para nosotros en Paraguay esta pregunta no es lejana. No somos los grandes dueños de las plataformas, de los datos ni de las infraestructuras digitales. Somos consumidores de tecnologías pensadas en otros centros de poder. Por eso es importante preguntarnos, ¿quién moldea nuestras opiniones?, ¿quién administra nuestros datos?, ¿quién decide qué vemos y qué queda invisible?, ¿quién gana con nuestra atención, nuestros likes, nuestras emociones y nuestras dependencias?

Frente a Babel, León XIV propone la imagen de Nehemías: Jerusalén. La ciudad está en ruinas, sus murallas derrumbadas, su pueblo vulnerable. Nehemías no llega con soberbia ni con soluciones impuestas desde arriba. Primero ora, mira en silencio la realidad destruida, reconoce las heridas, escucha los temores y convoca al pueblo. Cada familia, cada grupo, cada persona asume un tramo de muralla. La ciudad renace no por el protagonismo de uno solo, sino por una responsabilidad compartida,

Esta es una clave preciosa para discernir la IA. No se trata de rechazarla por miedo ni de aceptarla con entusiasmo ingenuo. Se trata de preguntarnos qué murallas humanas necesitamos reconstruir en este tiempo: la verdad pública, la dignidad del trabajo, la educación crítica, la libertad interior, la protección de los pobres, la convivencia democrática, el cuidado de la casa común. La tecnología ciertamente puede ayudar a curar, educar, conectar y cuidar; pero también puede excluir, manipular, vigilar, hacer más eficiente la injusticia…

La encíclica no es contra la inteligencia artificial, sí una llamada urgida a custodiar la persona humana. Esto significa discernir el presente para que el futuro no se nos escape de las manos. No basta preguntar si una tecnología es novedosa o rentable. Hay que preguntar si hace la vida más humana, más digna, más justa y fraterna.

La pregunta es, pues: ¿qué estamos construyendo con tanto poder tecnológico? ¿Una nueva torre para dominar, uniformar y controlar? ¿Un mundo en el que unos pocos decidan por todos qué es verdadero, útil y valioso? ¿O una ciudad donde podamos vivir juntos, con los pobres en el centro, con la dignidad humana protegida y con Dios en el horizonte?

Magnifica humanitas nos coloca ante una elección que no podemos delegar: ser arquitectos de Babel o constructores de comunión; levantar torres cada vez más poderosas o reconstruir juntos las murallas de una convivencia herida. Porque no toda innovación es progreso, ni todo lo técnicamente posible es humanamente aceptable. Para León XIV, el verdadero progreso no se mide por la potencia de las máquinas, sino por nuestra capacidad de impedir que alguien quede reducido a dato, mercancía o sobrante, y de poner realmente a cada ser humano en el centro de las decisiones

 

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