TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (123). EN CAMINO HACIA UNA IGLESIA SINODAL: PRIMERA SEMANA DE LA ASAMBLEA SINODAL EN ROMA

 


Ya ha finalizado la primera semana del Sínodo sobre sinodalidad y ya ha comenzado la segunda. Durante los tres primeros días los participantes hicieron un retiro espiritual, sin duda, una nueva manera de comenzar este tipo de encuentros. Por primera vez, obispos, sacerdotes, laicos, laicas, religiosos y religiosas, se encontraban para orar juntos por varios días a unos 300 km de donde se desarrollaría el Sínodo: el Aula Pablo VI, en el Vaticano.

En los días siguientes, el trabajo en esta aula se centró en el tema: “Por una Iglesia sinodal. Una experiencia integral”. Se profundizó en los signos característicos de una Iglesia sinodal, también en el camino a seguir para vivir ese modo de ser Iglesia. Fue constatable la diversidad de posturas, así como algunas dificultades para aportar desde  el Espíritu. Pero las tensiones propias que se dieron en algunos pequeños grupos de discernimiento no han perjudicando el discurrir general de la asamblea y su búsqueda de la voluntad de Dios.

Vale la pena destacar la novedad en el modo de organizar esta aula que acoge a los participantes. La sala está compuesta de 35 mesas para los trabajo de grupo, bien distribuidas por todo su espacio. Esta disposición y el tipo de mesa usado -redonda- no es casual: se trata de una disposición que ayuda a todos; expresa un modo de estar con otros en donde es posible sentirlo al lado, cercano, y sobre todo, con la posibilidad de mirarlo a los ojos y escucharlo. Ayuda también a que ya, desde el vamos, la escucha pueda ser más atenta y de mejor calidad y la conversación más fluida y transparente. Así el discernimiento comunitario se facilita también desde lo práctico organizativo.

Lo emprendido es un camino de construcción de todos y, por ende, un peregrinar lento, pero que está ayudando a apropiarse de un modo de ser Iglesia que es novedad. Y esto, más allá de las dificultades propias de un grupo de participantes, tan diverso en modos de vida, países, culturas, idiomas o modos de pensar y vivir la Iglesia. Se trata de un camino  al que no pocos no estamos acostumbrados y que todavía provoca miedos o desconfianza, especialmente en los que defienden un modo vertical o clerical de ser Iglesia.

La conversación espiritual para el discernimiento comunitario está resultando mucho más que un formato o modo de trabajo diferente a lo tradicional. Los participantes destacan los momentos de silencio, tanto en los 35 grupos de discernimiento, como en las llamadas congregaciones generales. Es ahí donde hay espacio y tiempo para que cada uno entre a su ritmo y comparta con libertad lo que el Espíritu pone en su corazón. La conversación espiritual está ayudando también a evitar el acaparamiento  de la palabra por parte de los que tienen más autoridad, más estudios de teología o, simplemente, hablan más fuerte.

En el Sínodo los más pequeños, las mujeres, los menos preparados teológicamente, tienen también su fuerza y capacidad para indicar por donde continuar dando pasos como Iglesia. La conversación en el Espíritu ayuda a poner de manifiesto que Dios se hace presente a través de su Espíritu en el modo que quiere, pero ciertamente más en la humildad de la suave brisa que en el viento impetuoso.

Estos días se ha podido ver que la práctica de caminar juntos es tradicional en las Iglesias orientales.  En ellas la sinodalidad ha sido siempre mucho más evidente. Su presencia ayuda para a seguir dando pasos en esa dirección.

Esta segunda semana la asamblea  aborda el segundo módulo del Instrumento de Trabajo: los tres temas prioritarios para la Iglesia sinodal: comunión, misión, participación. Su pregunta clave es: “¿Cómo podemos ser más plenamente signo e instrumento de la unión con Dios y de la unidad del género humano?”. Se trata de una nueva reflexión sobre el amor a Dios y al prójimo para entender y mejor vivir el Evangelio Porque, como dijo Francisco en la homilía del inicio: “Este Sínodo es para poner a Dios en el centro”. Solo así  serviremos mejor a la humanidad con la que peregrinamos a y la que nos debemos. 

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