TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (108). EL PAPA FRANCISCO Y LOS PROCESOS DE SINODALIDAD. EN CAMINO HACIA UN NUEVO MODO DE VIVIRNOS COMO IGLESIA

 


1. El papa Francisco

Francisco no ha pasado desapercibido desde que fue elegido Papa. Desde los primeros años algunas revistas famosas ya lo reconocían como una de las personas con más autoridad moral e influyentes del mundo. Desde el inicio también impresionó su modo de llevar adelante la Iglesia, cómo supo romper la imagen casi mítica de los sucesores de Pedro saliendo del palacio papal para vivir de modo sencillo en la casa de huéspedes del Vaticano.

El papa viste modestamente, recibe lo mismo a jefes de Estado y famosos, como a personas de otras religiones, deportistas, gente humilde, amigos; cuestiona a autoridades, defiende a los refugiados; da entrevistas en diarios, radios, Tv; habla de modo que todo el mundo le entiende; defiende a los pobres y denuncia el neoliberalismo que explota a las grandes mayorías y destruye a la naturaleza; acoge y tiene la palabra oportuna de ánimo y esperanza para grupos que como Iglesia habíamos estigmatizado u olvidado como gays, transexuales lesbianas, víctimas de abusos, divorciados, separados.

Muchos, cristianos y no cristianos encuentran en Francisco sencillez y hondura al tiempo que mucha verdad y humanidad. Su frescura y su novedad tienen que ver con varias de las cualidades señaladas. Pero una que quiero remarcar es su enorme capacidad de llevar a la práctica, a la vida, lo que dice de palabra. No es otra cosa que la que contemplamos en Jesús cuando proclama la Buena noticia del Padre y, a continuación, sana, alimenta, alivia, acoge... Lo que sale de su boca se convierte siempre en vida.

Francisco suele usar tres expresiones que creo resumen muy bien su pontificado: ‘Reforma de la Iglesia’, ‘iniciar procesos más que ocupar lugares’ y ‘sinodalidad’. Son significativas porque la primera expresa su llamado más primordial y urgente; la segunda nos habla del método, de su manera de alcanzarlo y, la tercera, del horizonte hacia donde apuntan todos sus esfuerzos. En realidad, todo se resume en lo mismo: la vivencia de una nueva manera de ser  Iglesia; una Iglesia peregrina, que camina junta con toda la humanidad, a la que estamos llamados a servir.

Los procesos de reforma han sido muy diversos. Hace tiempo Francisco los comenzó en su propia casa con las finanzas del Vaticano (el Instituto para las Obras de Religión, conocido por el nombre de Banco del Vaticano), los Dicasterios, la formación de los futuros sacerdotes, la  reforma la Curia Romana, etc. Pero en este momento está en proceso una verdadera novedad llamada a transformar de fondo toda la vida de la Iglesia: la sinodalidad. Son tres dinamismos dentro de un grande y único proceso. Lo vemos a continuación.

2. Los procesos antes del Sínodo sobre sinodalidad

Primero fue el Sínodo de la Amazonía en 2019 y su continuidad. Francisco quiso comenzar la dinámica sinodal con mucha apertura al Espíritu en un territorio muy amplio y complejo, pluricultural y plurinacional, rico en experiencias de Iglesia, con varias Conferencias episcopales implicadas, donde ya se vivían grandes desafíos.

Con fuertes experiencias de pobreza y marginalidad, de persecución y de vida martirial, de perseverancia y de fe firme de laicos, pastores y obispos la Iglesia amazónica comenzaba a fructificar.

Y como fruto genuino y excepcional de este caminar, Francisco dio nacimiento en Roma el 29 de junio de 2020 a la Conferencia Eclesial de la Amazonia. No se trataba de una Conferencia Episcopal -como ya conocemos- sino de una Conferencia Eclesial. Era la primera experiencia de este tipo en la Iglesia desde hace muchos siglos. En la Conferencia Eclesial se encuentran representados todos los rostros del territorio amazónico: obispos, pastores y pueblo en toda su diversidad. En este nuevo espacio la mujer -como sujeto clave de la evangelización- está claramente reconocida.

Un obispo llamaba a esta nueva realidad, un ‘banco de pruebas’ que conecta con el sueño programático del papa Francisco marcado en la Alegría del Evangelio y, al mismo tiempo, una concreción del Vaticano II. El proceso comenzó en la Amazonia pero con vocación universal. Lo dicen los mismos protagonistas: “Lo que se ha iniciado en la Amazonia es para el mundo entero”.  

En octubre de 2020, fiel a su modo de proceder, Francisco impulsa el segundo gran proceso:  la Asamblea Eclesial  de América Latina y el Caribe. En un área geográfica y eclesial mucho más extensa, el papa abre un tiempo especial de gracia para hacer memoria agradecida de lo acontecido en la V Conferencia General en Aparecida. Se trataba de una oportunidad para hacer una mirada contemplativa a nuestra realidad con sus grandes problemáticas y desafíos para reavivar el compromiso pastoral para que, en Jesucristo, nuestros pueblos tengan una vida plena. Se buscaron los medios adecuados para -aún en medio de la pandemia del covid- se diera una participación amplia y plena de todo el pueblo de Dios que peregrina en América Latina y el Caribe.

Caminando en paralelo a la Asamblea Eclesial, la pandemia del covid y todas sus implicaciones fueron un profundo llamado a cambiar de rumbo en todos los sentidos: modo de trabajar, de organizarnos, de producir, de divertirse, pero también de relacionarnos e, incluso, de rezar. Esto significó también dejarnos interpelar por nuevas formas de evangelizar en coherencia con las nuevas realidades, un llamado a poner la barca en dirección hacia lo profundo y adentrarnos en esta nueva historia de la humanidad y vivirla como verdadero kairós, como una verdadera visitación del tiempo de Dios a nuestro tiempo que lo densificaba con su gracia.

Así, caminando juntos como Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, todo el pueblo de Dios en su rica diversidad de dones, llamados y carismas, buscó discernir de forma sinodal qué nuevos rumbos debe tomar nuestra Iglesia para que los 650 millones de personas que vivimos en este territorio tengamos una vida plena en Jesucristo; podamos sentir que como seguidores de Jesús,  “todos somos discípulos misioneros en salida”.

Fruto de este discernimiento se concretaron 12 desafíos que trataron de recoger los anhelos de los miles de cristianos que participaron en el procesos: importancia de los jóvenes en la marcha de la Iglesia, injusticia, abusos, participación de la mujer y ministerios, defensa de la dignidad humana, sinodalidad y formación, promoción del laicado, itinerario formativo, acompañamiento a pueblos originarios y afro-descendientes, inculturación e interculturalidad, renovación de nuestro modo de vivir la Iglesia a la luz del Vaticano II. Se reafirmó la importancia de la ecología integral a partir de los cuatro sueños de Querida Amazonía y, sobre todo, el propiciar el encuentro personal con Jesucristo encarnado en la realidad del continente.

Pero la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe tuvo otro logro clave, que hay que destacar de modo especial: haber despertado el hambre de ‘caminar juntos’ en muchos de sus participantes. Aun con las limitaciones que hubo en el proceso en todos los rincones del continente latinoamericano y del Caribe, la Asamblea Eclesial despertó el gusto y la atracción ahondar en la vivencia sinodal.

Y de ahí el Sínodo sobre Sinodalidad: el tercer proceso dentro de una misma y única dinámica, pero ahora para toda la Iglesia universal. El proceso que vino para ponernos en marcha con la mirada puesta en Jesús el Señor y su llamada a servir al mundo, tal y como nos convoca el Concilio Vaticano II.

3. Sínodo de la Sinodalidad, el DEC y la fase continental

Como sabemos el Sínodo fue pensado en tres fases: la diocesana (de octubre 2021 a agosto de 2022); la continental (de octubre de 2022 a marzo de 2023) y la de la Iglesia universal (del 4 al 29 de octubre de 2023 y octubre de 2024). En este momento, después de haber concluido la etapa diocesana, nacional, estamos inmersos en la etapa continental.

Si nos fijamos en los números totales, la participación en la primera fase fue amplia. De las 114 Conferencias Episcopales del mundo, participaron 112. Hubo también aportes de 17 de los 23 Dicasterios de la Curia Vaticana. Además, se recogieron aproximadamente 1.000 aportes de particulares y de diferentes grupos. Como fruto de estas contribuciones el 14 de octubre pasado se publicó el texto que sintetiza los aportes de la consulta al Pueblo de Dios que se llevó a cabo en la etapa diocesana (DEC n. 5).

Se trata de un documento clave para la metodología para la etapa continental. De ahí que se haya denominado coloquialmente como DEC. Su contenido nos invita a avanzar en este camino espiritual ‘para una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’ y constituye su punto de referencia (DEC n. 114). El DEC es de gran valor porque “recoge y restituye a las Iglesias locales lo que el Pueblo de Dios de todo el mundo dijo en el primer año del Sínodo”. Además tiene la finalidad de guiarnos y de permitirnos seguir profundizando en nuestro discernimiento, teniendo en cuenta la pregunta básica que anima todo el proceso: ¿Cómo se realiza hoy ese ‘caminar juntos’ que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo a la misión que le fue confiada; y qué pasos el Espíritu nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal?” (DEC n. 105).

El DEC se convierte así en un instrumento de escucha, diálogo y discernimiento de las Iglesias locales entre sí y con la Iglesia universal en la etapa continental. A través de este instrumento se nos llama de nuevo a seguir compartiendo, reflexionando y buscando el querer de Dios localmente, pero de modo ágil porque el plazo es corto.

Esto requiere la lectura orante previa del texto para poder compartir sus tres elementos clave: a) ¿Qué intuiciones resuenan más fuertemente con las experiencias y realidades concretas de la Iglesia en el continente? ¿Qué experiencias parecen nuevas o iluminadoras?; b) ¿Qué tensiones o divergencias sustanciales surgen como particularmente importantes desde la perspectiva del continente? En consecuencia, ¿cuáles son las cuestiones e interrogantes que deberían abordarse y considerarse en las próximas fases del proceso?; c) ¿Cuáles son las prioridades, los temas recurrentes y las llamadas a la acción que pueden ser compartidas con las otras Iglesias locales de todo el mundo y discutidas durante la primera sesión de la Asamblea Sinodal en octubre de 2023?” (DEC n. 106).

Es tarea principal de cada una de las siete Asambleas continentales a ser realizadas en los próximos meses, hacer un proceso de discernimiento sobre el DEC adaptándolo a cada contexto local, así como redactar un documento final que dé cuenta del mismo. Estos siete documentos son de gran trascendencia porque servirán de base para la elaboración del Instrumentum laboris para la tercera fase del Sínodo.

El DEC es fruto de un gran esfuerzo por recoger con mucha fidelidad muchas de las principales preocupaciones y esperanzas del pueblo de Dios. El Cardenal Grech señala que “el contenido del Documento es el testimonio evidente del proceso en curso de la Iglesia. Los resúmenes atestiguan que se está escuchando bien a los que han hablado “cuidadosamente y en oración”.

En el DEC late el mandato urgente y esencial a la renovación de la Iglesia. Una renovación que ‘tiene que ser profunda y sincera’, una renovación ‘sin maquillajes’ que lo que hace es disimular y hacernos perder el tiempo.

Francisco lo dice claro: “Estamos aprendiendo a hablar y escribir “en Sínodo”. Y nos recuerda algo bien esencial para este tiempo kairótico por el que transitamos: “La vocación de la Iglesia no son los números. Es evangelizar. La alegría de la Iglesia es evangelizar. El verdadero problema no es que seamos pocos, en definitiva, sino que la Iglesia evangelice”. Dice Francisco que el papa Benedicto fue un profeta de esta Iglesia del futuro cuando señalaba que se hará una Iglesia más pequeña, perderá muchos privilegios, será más humilde y auténtica. Ese será el camino por donde “encontrará energía para lo esencial”.

Esta conversión que apunta a la renovación de la Iglesia para su mejor servicio al mundo, es por fidelidad a Jesucristo. De fondo se apunta a un nuevo modelo institucional alejado de las estructuras eclesiales fuertemente clericalistas que hasta ahora vivimos para transitar por el tercer milenio con nuevas estructuras eclesiales que nos posibiliten nuevos modo de proceder más cercanos a los de Jesús y de la Iglesia de los primeros siglos.

La sinodalidad con toda su inmensa riqueza es la puerta de entrada que el Espíritu nos ofrece para meternos sin demora en esa vivencia de Iglesia. Una Iglesia pobre, al lado de los pobres y que con ellos camina con toda la humanidad hacia la Casa del Padre sirviéndole y compartiendo con ella su riqueza: Jesús, el Señor y su vida en abundancia.

Y es que, a medida que avanzamos por este camino de la sinodalidad, aún en medio de no pocas dificultades y resistencias, cada vez nos son más claras dos cosas: la primera es que ‘si la Iglesia no transita por caminos de sinodalidad, no es posible sentirnos verdaderamente en casa’ y, la segunda: que este gran cambio necesariamente implica multitud de pequeños cambios cotidianos en nuestra praxis personal y pastoral, es decir, de sencillos y frecuentes toques de conversión de nuestro corazón. 

NOTAS

 1. La segunda parte del DEC: “A la escucha de la Escritura”, está llena de suegerencia en este sentido. Compara la Iglesia que buscamos con la tienda de la que nos habla Isaías 54, 2. Una tienda, una carpa llamada a ser ensanchada, a extender los toldos, a alargar las cuerdas y a reforzar sus estacas. Hoy más que nunca la Iglesia está llamada a expandirse, pero también a moverse... Es la manera de acompañar en verdad al pueblo en su caminar por la historia. Llegar a ser una morada espaciosa, pero no homogenea, capaz ser signo de alegría y de esperanza y de cobijar a todos los que peregrinan, pero permaneciendo abierta; una Igelsia que deja entrar y salir (DEC n. 27).

2.  Para acceder al Documento para la Etapa Contiental (DEC), cf. https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Documento-de-trabajo-para-la-Etapa-Continental-del-Sinodo.pdf El documento lleva por título: “Ensancha el especio de tu tienda” (Is 54,2). Documento de trabajo para la Etapa Contiental. Ahora es momento de leerlo y pasarlo por el corazón con tiempo. Y, después, compartir, profundizar y trabajarlo en nuestro grupo parroquial, movimiento, comunidad, etc. Tenemos tiempo hasta finales de febrero de 2023.  para una mayor clarificación de cómo participar en esta segunda etapa del Sínodo podemos se pueden poner en contacto con los equipos diocesanos que ya estuvieron colaborando en la etapa diocesana del Sínodo.

3.  Cf.  https://www.vidanuevadigital.com/2022/10/27/la-conclusion-del-documento-para-la-fase-continental-del-sinodo-iglesia-renuevate-y-hazlo-profundamente/

4.  Cf. https://www.laciviltacattolica.es/2022/04/14/cual-es-la-vocacion-de-la-iglesia/

 5. Ibidem, s/p.

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