TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (79). CORPORACIONES Y ESTRATEGIAS GENOCIDAS EN PARAGUAY
Hace unas semanas señalaba que para Noam Chonsky lo más próximo a los totalitarimos en la actualidad son las corporaciones (las grandes empresas, sobre todo transnacionales). Es una afirmación contundente de uno de los más prestigiosos intelectuales del siglo XX. Y es justamente en ese siglo donde se han dado dos de los totalitarismos más terribles de la historia: El nacismo hitleriano en Alemania y el comunismo stalinista en la Unión Soviética, aunque no han sido los únicos.
El totalitarismo es un sistema de gobierno y, sobre todo, una práctica política que busca el ejercicio absoluto del poder, que tiende a construir un modelo de sociedad homogéneo, controlado, coercitivo. En realidad no es otra cosa que una forma específica de dictadura en donde se administra de manera cruel y despótica, tanto al territorio como a la población, la justicia o los poderes públicos. El totalitarismo tiene como punto de partida la necesidad de una reestructuración forzosa y controlada del Estado y de la sociedad.
Las corporaciones, aunque ya tiene su historia desde la expansión de la revolución industrial, son un invento relativamente nuevo. Más que nunca, en la actualidad tienen un poder e influencia enorme. Son las que ya concentran en el 1% de la humanidad el equivalente a lo que recibe el 57% más pobre de ella. Son, a su vez, las principales causantes de la destrucción masiva de todo lo que es vida en el planeta. Manejadas por tecnócratas las corporaciones son totalitarismos que empoderan sus propias piezas útiles en todos los países que desean y se convierten en una especie de oligarquía planetaria; buscan destruir la verdadera política y los verdaderos políticos. Como nos lo dice un conocido pensador: “Las grandes empresas no pueden votar colocando una boleta dentro de una urna; votan con sus billeteras...”.
Sabemos por historia que el totalitarismo nazi sembró de terror Europa y dejó una estela de millones de muertos en sus campos de exterminio: judíos, gitanos y de otras muchas minorías políticas y sociales. A todos ellos el sistema les consideró sobrantes, parias, descartables, indignos de vivir por no ser considerados ni siquiera como seres humanos. Y se les persiguió buscando su exterminio. También nos dice la historia que, años después, muchos de sus protagonistas fueron condenados por genocidio...
Varias de las grandes corporaciones mundiales han desembarcado en nuestro país. Aunque no se puede generalizar, éstas tienen las mismas entrañas totalitarias. Este desembarco es facilitado por un Estado cómplice y corrupto. Conservan el mismo odio, la misma violencia, el mismo desprecio de antaño a todo lo que les impide desplegar su dominio absoluto, en este caso, sobre la tierra y todos sus recursos. En base a la maximización de sus ganancias, la concentración del capital, estas corporaciones transnacionales se van repartiendo y comiendo a dentelladas, tanto el territorio como a su gente. Cambian los métodos porque ya no hacen falta los campos de concentración ni las cámaras de gas o de tortura, pero mantienen la misma lógica destructora, desprovista de alma, de entrañas de humanidad.
Lo vemos en la represión brutal a niños, mujeres, adultos y ancianos indígenas indefensos; lo vemos en la quema de sus casas, chacras y lugares de culto; lo vemos en la perversidad de los que hacen y aprueban leyes en contra de los más pobres e indefensos; lo vemos con dolor e indignación en las expulsiones de sus tierras ancestrales; lo vemos en la indiferencia y en la connivencia de los órganos del Estado, que no es otra cosa que un verdadero exterminio indígena.
Recientemente la H. Raquel Peralta, presidenta de la CONFER, hizo una fuerte denuncia al gobierno por su responsabilidad directa en estos hechos genocidas. Para todos nosotros como sociedad, nos decía también: “Estamos asistiendo, observando y siendo parte de un proceso de desalojo, de un proceso de genocidio con nuestro silencio y pasividad ciudadana”. Que estas palabras cuestionadoras nos ayuden a tomar ánimo y determinación para decir ¡basta a esta barbarie!
Nos lo advierte también el poeta:
“Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío,
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi,
no había nadie más que pudiera protestar.” (B. Brecht)

Comentarios
Publicar un comentario