TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (16). LAUDATO SI Y EL JUBILEO DE LA TIERRA
Del 1 de septiembre al 4 de octubre el Papa ha fijado la celebración del “Jubileo de la Tierra”. El motivo lo dice el mismo Francisco: “Celebramos con nuestros hermanos y hermanas, cristianos de diversas Iglesias y tradiciones el Jubileo de la Tierra´, para conmemorar el establecimiento hace 50 años del ´Día de la Tierra´. El Jubileo comenzó con el Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, una celebración que el Papa estableció a partir de la promulgación de la Laudato si (LS) el 24 de mayo de 2015.
De la encíclica llama la atención su sencillez y transparencia, que rompe con una tradición de encíclicas abstractas, frías, lógicamente organizadas, que casi nadie se animaba a leer. En Laudato si no hay un maestro o doctor que escribe, sino un pastor preocupado que quiere entrar en diálogo. Y lo hace de tal manera que todos: católicos, otros cristianos, de otras religiones y personas no creyentes de buena voluntad, le puedan entender.
Francisco ha sido el primer Papa en centrar su atención prioritaria en esta problemática. LS es la mejor expresión de esa inquietud suya. En la protección y el cuidado de nuestra “casa común” (LS 13), ve un desafío urgente para toda la humanidad. Pero plasma una concepción de ecología más allá del cuidado del medio ambiente, que apunta al fondo del problema: el bienestar de todos los seres vivos, de la justicia y de los pobres.
Su publicación tuvo un gran impacto en los MCS de todo el mundo; también en ámbitos científicos y académicos fuera de la Iglesia católica. La revista Nature, mundialmente famosa en este campo, le dedicó una editorial. En ella se elogia al documento del Papa, así como su valentía; reconoce que llega en un momento oportuno ante la crisis ecológica que atraviesa el planeta. La revista Science y otros organismo internacionales (FAO, PNUD, ONU, Banco Mundial, Greenpeace, etc.), pusieron de relieve sus contribuciones; también lo hicieron varios presidentes de diferentes países en aquel momento, como M. Bachelet, Merkel, Hollande o Clinton.
Justamente porque su inquietud de fondo son los pobres y la injusticia que padecen, Francisco incluye como dimensiones fundamentales, además de lo ambiental, lo económico, lo social, lo cultural, la educación, la dimensión espiritual, la ética y la transformación de la vida cotidiana. No se trata de caer en un ecologismo superficial o aparente “que consolida un cierto adormecimiento y una alegre irresponsabilidad” (LS 59). Francisco llama la atención a no perder de vista la situación de los más pobres, las grandes mayorías del mundo entero, que es fruto de la acción humana movida por la avaricia y el acaparamiento. Esto ha conducido a la destrucción de gran parte de los bienes que son para todos y nos ha empujado a un rápido cambio climático de consecuencias muy graves para futuro de la sobrevivencia humana.
La intención de Francisco no es plantar la semilla del miedo o de la desesperanza en nuestro corazón con relación al futuro. Sí habla con mucho amor, pero también con mucha firmeza porque lo que sí quiere colocar en nuestro corazón es la conciencia de que formamos una sola familia humana, con una casa común, con un llamado al amor a todas las creaturas, a la pobreza evangélica, a las bienaventuranzas porque hay algo muy grande en juego: “Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo…” (Mt 25).
Estamos, pues, de jubileo. Es tiempo de gracia, de hacer memoria que la vocación genuina de la creación es de “prosperar como comunidad de amor”. “Existimos sólo a través de las relaciones: con Dios creador, con los hermanos y hermanas como miembros de una familia común, y con todas las criaturas que habitan nuestra misma casa (…) Debemos recordar constantemente que “todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás” (LS70).

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