TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (35). DIOS QUE NOS HABITA E INVITA A LA CONFIANZA
Oscar Martín, sj
Hay personas para las cuales los tiempos de dificultad son también tiempo de oportunidad. Pero esto puede vivirse de distintas maneras. Unos lo hacen podríamos decir al estilo: “en río revuelto ganancia de pescadores”. Son ese tipo de gente que se aprovecha de la desgracia y del infortunio de muchos para su ganancia. En este tiempo de azote del coronavirus lo hemos visto en distintos tipos de corrupción, a veces hasta de las cosas esenciales para salvar vidas humanas. Aunque muchas empresas, sobre todo pequeñas, han quebrado, hay otras que también han aprovechado la coyuntura de la pandemia para cubrirse de ganancias desproporcionadas.
Pero la realidad que vivimos nos ofrece también otro tipo de oportunidades que apuntan a otro tipo de 'ganancia' realmente esencial: a nuestro desarrollo como verdaderos seres humanos. Algunos usan la imagen del viaje, de emprender un viaje, pero dirigido hacia las profundidades de nuestro propio ser. Se trata de lanzarnos a la travesía hacia nuestro verdadero origen, porque lo mejor nuestro se halla dentro de nosotros mismos y ha estado ahí desde siempre.
Lo decía hermosamente san Agustín cuando, después de una vida bien desordenada y mundana se sintió alcanzado por el amor de Dios: ‘Belleza tan antigua y tan nueva’, y reconocía que “tú estabas dentro de mí y yo fuera, Y por fuera te buscaba…”; “porque tú estabas dentro de mí, más interior que lo más íntimo mío y más elevado que lo más sumo mío”.
Con razón decía preciosamente bien un místico del siglo XIV que “somos vida divina desde el principio”. Para descubrirlo, tenemos que lanzarnos a hacer esa travesía hacia nuestras profundidades y ahora es un buen momento para ello.
Ser vida divina desde siempre es como decir que Dios mismo es nuestro núcleo vital, que Dios nos constituye, que es desde su Amor desde donde brota la llamada que nos hace pasar de la nada al ser, de la no vida a la existencia. ¡Cada uno somos únicos e importantes para Dios! Desde ahí es que podemos contemplar la creación con respeto y agradecimiento, así como el manantial, el pozo que brota lleno de dones desde nuestro ser. Y no es para menos porque, como nos decía san Ireneo “el hombre ha sido creado a imagen de Cristo resucitado”. En nuestro origen está un llamado a ser hijos en el Hijo.
Traducido a nuestra vida concreta, a nuestro día a día, significa que somos amados con un amor fiel, que nunca falla, y sobre todo, firme en las horas difíciles. Se trata del único amor verdaderamente incondicional de toda nuestra vida ante quien respondemos colocando en él toda nuestra confianza, es decir, nuestra esperanza.

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