TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (34). INICIOS 2021: ESPERANZAS Y OBSTÁCULOS
Una cuestión resaltante del inicio del año es la vacuna contra el Covid. Lo que parecía que iba retrasarse años, ya es una realidad en países como EEUU e Inglaterra. Esta buena noticia viene de la mano de lo que podríamos llamar: un acaparamiento, un bombardeo y un olvido, de lo que es importante ser conscientes.
El acaparamiento es la actitud que han mantenido los países económicamente desarrollados en relación a la vacuna. Este monopolio, señala un diario español, “es un acto injusto que socava la solidaridad mundial contra la epidemia”. Muchas voces en el mundo han expresado que esta vacuna debe ser para toda la humanidad y gratuita. La realidad es que los países ricos (el 14 % de la población mundial) acaparan más de la mitad. Esta actitud, además de profundamente injusta, viola las obligaciones internacionales de los DDHH y pone en serio riesgo la lucha eficaz contra la pandemia. Lo que podría ser una oportunidad de fortalecer los vínculos entre todos, se puede quedar como un verdadero escaparate de mezquindad y egoísmo entre las naciones. T. Adhanom Ghebreyesus, representante de la OMS, lo señalaba con claridad: ”No se debe permitir que el ‘egoísmo de las vacunas’ se convierta en un obstáculo en la lucha mundial contra la epidemia”.
Lo segundo, el bombardeo, tiene que ver con la intensificación en los medios sociales de teorías conspiracionistas en contra de la vacuna. Algunas ya son viejas. Sus blancos principales siguen siendo China, EEUU, Wuhan, la tecnología G5, Bill Gates... Otras afirman que el covit no existe, que detrás hay un complot de la elite económica mundial para esterilizar, matar a los ancianos, reducir la población mundial; que es un negociado de las grandes farmacéuticas mundiales, etc.
La novedad de las teorías de la conspiración –que han existido desde siempre y han sido bastante marginales- es que últimamente se han fortalecido. Los análisis sobre la personalidad de los que tienen tendencias conspirativas, o sobre la inconsistencia de estas teorías son bastante coincidentes: suelen tomar algún dato cierto y mezclarlo con otros falsos, suposiciones e ignorancia. También hay consenso sobre los mecanismos que suelen operar en la psicología de las personas expuestas a grandes incertidumbres o miedos. Tratando de explicar este fenómeno, un analista político decía algo muy clarificador: "Nos resulta más fácil aceptar una teoría de la conspiración (que la realidad misma) porque la realidad es mucho más caótica, azarosa y difícil de asumir." Es decir, es propio de teorías conspiracioncitas aprovecharse de los momentos de gran confusión, incertidumbre, como el actual.
Estas teorías, por tanto, como dice el refrán: “Dicen lo que no es y cuentan lo que no pasa…”. Es decir, las teorías conspirativas son falsas y no pueden explicar nada o casi nada. Pero aun “contando lo que no pasa”, hay que saber que algo nos están queriendo decir porque hacen la función de espejos que reflejan algo que está aconteciendo en la sociedad que las produce: la nuestra. Y suelen proyectan recelo, frustración, disconformidad, malestar y una gran desconfianza en la situación actual. En el fondo son como una denuncia -sui generis- al status quo, a la clase política, a los grandes poderes económicos trasnacionales, a las élites mundiales que gestionan para provecho de una minoría lo que debería ser para el bienestar de todos. A veces, ciertamente, albergan otras intenciones.
El olvido tiene un nombre: salud pública de calidad para todos y gratuita. No podemos perder de vista que el gran tema mundial en salud no es la vacuna, sino un sistema de salud público donde la vacuna sea un elemento importante, pero no ni el único ni el fundamental. Nos lo dice los miles de enfermos de cáncer, diabetes, enfermedades pulmonares, corazón, neurológicos, psíquicos, accidentados, ancianos, etc., que mueren prácticamente sin ninguna atención. Enfermos de todo tipo, ignorados por años en todos los rincones del país, con servicios de salud desabastecidos o casi inexistentes. La pandemia es una oportunidad para tomarse en serio la tarea de crear una salud pública digna para todos y exigir a las autoridades del Estado que honre y cuide la salud integral de sus ciudadanos y ciudadanas como realmente se merecen.

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