TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (31). NAVIDAD: DE CREER EN DIOS A VIVIR EN DIOS.
Hay frases o versículos de la Escritura que son muy conocidos, que han pasado a formar parte de la sabiduría popular de muchas culturas y tradiciones, incluso no cristinas. Una de ellas es, “no hay nada nuevo bajo el sol”, del libro del Eclesiastés. En realidad, para no pocas personas es así: muchas cosas que aparecen como nuevas, no lo son en realidad, se repiten; no hay nada original, que no se haya dicho, hecho o pensado algunas vez...
Pero hubo un Padre de la Iglesia entre los siglos VII y VIII, que hizo una corrección a esta frase y afirmó que en la historia de la humanidad sí ha habido una cosa absolutamente nueva bajo el sol: “La perfecta unión de la divinidad y la humanidad en la persona de Cristo…”. Esto fue dicho en un contexto de polémica, en un concilio donde se buscaba clarificar la identidad humana y divina de Jesucristo.
Esa frase, que se expresó como una fría definición de fe conciliar, es lo que celebramos los cristianos en estos días. Su contenido es mucho más cálido y esencial para nosotros, que una simple declaración dogmática de nuestra fe. La encarnación, lo que nos dice hermosamente san Juan en el cap. primero: “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”, es una novedad radical única (valga la redundancia) en la historia de la humanidad; pero es una realidad de fe llamada a interpelarnos para hacerse lugar en nosotros, en nuestra vida concreta.
Esa novedad interpeladora nos habla de cosas que quizá hoy más que nunca necesitemos volver a pasar por el corazón, de cosas que nos pueden ayudar mucho a mirar con confianza y esperanza este tiempo denso que vivimos y lo que nos vendrá en 2021.
Nos dice que si el Hijo de Dios ha venido a morar entre nosotros, ha bajado a plantar su carpa en esta tierra humana, es para siempre y que lo ha pensado desde la eternidad, porque nuestro Dios no es un Dios improvisado. Es decir, que podemos acoger como certeza
-como dice Santa Teresa- que “Dios no se muda” (y menos cuando a nosotros, sus hijos e hijas, las cosas nos pintan mal, difíciles, oscuras…).
Nos dice que si quien nace es el Hijo de Dios, Dios ya es parte de nuestra historia, es familia, parte nuestra (él en nosotros y nosotros en él), y quien es o vive en Dios, sencillamente no puede perecer. Esto significa que Dios mismo se realiza en la realización de nuestra vida –en toda ella- y que cada uno de los acontecimientos, de las circunstancias concretas por las que pasamos se convierte en verdadero culto divino, más allá de su signo positivo, negativo, triste, alegre, esperanzador... Dios quiere ser persona en nosotros, y serlo a plenitud en la época que vivimos, en el lugar donde estamos, con las personas con quienes vivimos, en lo que hacemos, en las cosas por las que pasamos… En todo.
Que esta navidad y lo vivido en este 2020 nos permita ahondar en el significado primordial y simple de la encarnación del Verbo; y que esa experiencia nos ayude a dar ese salto fundamental que es pasar de creer en Dios a vivir seguros en él y a partir de Él.

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