TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (30). NAVIDAD Y BUEN VIVIR
La Navidad es uno de los momentos más esperados del año. De su raigambre de fiesta religiosa y muy familiar se ha ido convirtiendo para no pocos en un tiempo de descanso, de vacaciones, de hacer muchos gastos, de consumir. En una publicidad que adorna una de las cadenas de centros comerciales más grande de España puede leerse en estos días: “El placer de consumir…”.
Como hemos estado compartiendo las semanas anteriores, el Buen vivir nos ofrece otro modo de plantearnos la vida, bien diferente. Si bien la propuesta parte de la experiencia de distintos pueblos indígenas: quichuas, aimaras, guaranís, etc., se trata de un modo de vida que es una oferta para muchos.
Uno de los elementos importantes que ofrece es la ruptura con la lógica antropocéntrica que ubica al ser humano como amo y señor de todo. Se trata, más bien de aprender a recuperar el sentido de la convivencialidad con los demás y con la naturaleza, de abandonar el deseo desordenado de gastar en exceso y vivir lo cotidiano desde prácticas que busquen las relaciones armónicas. Por eso hablar de Buen vivir es hablar de ética del vivir conformándose con lo necesario, con lo suficiente, y no solamente para mí o los míos, sino para toda la comunidad. Esto, ciertamente, se aplica de manera muy diferente en lugares ricos y en contextos pobres donde, con frecuencia no se dispone ni de lo esencial…
Necesitamos acrecentar una visión integral donde nos contemplemos como comunidad. Leonardo Boff lo señala hermosamente cuando dice vivir la “gran comunidad terrenal, que incluye además de al ser humano, al aire, el agua, los suelos, las montañas, los árboles y los animales; es estar en profunda comunión con la Pachamama (Tierra), con las energías del universo y con Dios”.
Otra implicación de la propuesta del Buen vivir toca nuestro modo de vivir el tiempo que, en el modo occidental en el que estamos insertos, está totalmente ligado a la producción, al trabajo, al rendimiento, a lo económico. Todo ello orientado a la búsqueda de seguridad, de bienestar futuro. El Buen vivir invita a revisar esa relación tiempo-producción-(trabajo)-poseer-felicidad… y recuperar la capacidad de goce y del disfrute de las pequeñas cosas, de vivir la vida apuntando más a lo cualitativo. Un autor europeo, cuestionando el modo de vida de Europa lo formula como “optar por tener menos para ser más”.
Por la amenaza civilizatoria que vivimos debido a la destrucción de la naturaleza, ahora más que nunca somos conscientes que el derecho de las futuras generaciones a una vida digna depende de cuán responsablemente vivamos nosotros nuestro presente, conscientes de la finitud de los recursos naturales.
Por ello, el Buen vivir ve como un aspecto clave la transformación de la matriz económica neoliberal de producción, distribución y de consumo. Este modelo le ha robado a las sociedades concretas y reales el control de la producción y las ha convertido en meras consumidoras, incapaces de elegir lo que verdaderamente necesitan y no lo que necesita el gran mercado que la gente compre para que no se pare la gran máquina capitalista.
Es importante recuperar el control de la producción familiar, local, regional para que se produzca más de lo que es realmente necesario para vivir. Es esperanzador comprobar cómo, a pesar de no tener apoyos por parte de los organismos del Estado, se van multiplicando pequeños y medianos emprendimientos entre familias, comités, cooperativas de producción, etc., con venta directa en mercados barriales o comunales.
Sin rechazar lo personal o lo individual, el Buen vivir busca construir otro tipo de relaciones donde el énfasis se coloca en lo comunitario y, desde ahí, tejer vínculos, redes, lazos que fortalezcan la solidaridad, la cooperación y la reciprocidad.
La fiesta que celebramos en estos días, la encarnación del Verbo, el nacimiento del Hijo de Dios en la suma pobreza en la cueva de Belén, nos habla a gritos de la importancia de este modo de vida. Dicho de otro modo, Dios ha querido arreglar este mundo tan injusto y lleno de desigualdades, por el camino de la pobreza voluntaria de su Hijo, que siendo rico se ha hecho pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza (2 Co 8,9). El Buen vivir apunta a esa pobreza digna –a la sencillez de vida- que Jesús, con su propia existencia entre nosotros nos deja como testimonio.
Feliz Navidad!

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