TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (29). EN RECUERDO AL PA´I MELIA: LA TIERRA-SIN-MAL

Ante la muerte del Pa´i Bartomeu Melià, sj, ocurrida hace un año, señalaba un diario asunceno: “Considerado uno de los antropólogos más serios de la historia guaraní, Bartomeu sostenía que los guaraníes eran nómadas porque para ellos derribar un árbol era matar una parte de su propia alma, de su Yvy Marane’ÿ (la tierra-sin-mal)".
Al cumplirse un año de su muerte, en recuerdo agradecido por su vida tan bien entregada al servicio de los indígenas desde el apostolado intelectual, recojo textualmente algunas de sus ideas e intuiciones sobre el horizonte del buen vivir: la yvy marane´ÿ, la tierra-sin-mal.
Para el pa´i Melia, “no se puede hablar de los guaraní sin referirse a su búsqueda, incansable y profética, de la tierra-sin-mal. De este modo, una experiencia indígena se torna paradigmática para pensar cual sería el proyecto de una sociedad más solidaria y humana…”.
“… Si bien la tierra impone sus condiciones, es el guaraní quien hace su tierra. La tierra guaraní vive con los guaraní que en ella viven…”. “La tierra es para ellos, más bien, un cuerpo cubierto de piel y pelos, revestido de adornos”. (Tienen de ella) “....una percepción visual y plástica y hasta auditiva. El monte es alto: Ka’á yuaté; es grande: ka’á guasú; es lindo ka’á porâ; es áureo y perfecto: ka’á ju; es como llama resplandeciente: ka’á rendy; es la cosa brillante: mba’é verá. Los ríos son claros: y satî; blancos: y morotî, negros: y hû; bermejos y pitâ; o como una corriente de agua coronada de plumas: Paraguay. El mar es, en fin, el color de todos los colores: pará”.
“Un pueblo que ha vivido durante siglos en un tal ambiente ha debido pensar su verdadera tierra en términos de luz y de voz; que no sólo hablan las aves, los insectos y las aguas, sino también los árboles. Es esta la tierra buena que el guaraní… ha buscado incansablemente para en ella cultivar y vivir”.
“La buena tierra guaraní es tan real porque… es… el acto religioso quien le da principio y la conserva. … recibe, pues, su hermosa plenitud de su fundamento religioso, basado a su vez en un acto litúrgico realizado por Nuestro Primer Padre. La conservación del mundo consistirá consecuentemente en mantener viva y actual esa liturgia…”. “Cantar y rezar, teniendo el bastón ritual apoyado en el suelo, es sostener el mundo y fundarlo nueva y continuamente. Dejar de rezar y descuidar el ritual es como quitarle a la tierra su propio soporte, provocando su inestabilidad y su eminente destrucción...”. “La tierra guaraní… se ordena y se “cosmiza”, no en función de un templo ni de un lugar sagrado, sino en relación con el canto y la fiesta…ahora bien, la fiesta es también, y sobre todo, el sacramento del amor mutuo, la participación y la reciprocidad”.
“El fundamento de la tierra guaraní acaba siendo de este modo, la fiesta, donde se comparte la alegre bebida de la chicha: kawí, fruto de la tierra y del trabajo de muchos, unidos en minga (mutirâo): Potyrô,… "Donde hay una fiesta guaraní, ahí está, a fin de cuentas, el centro de la tierra; la tierra buena y perfecta a la que se aspira”.
“La tierra buena, la que produce fiesta y palabra comunicada, es la misma que trae consigo la perfección y la plenitud: aguyjé. Tanto los frutos, que alcanzan su plena madurez, como las personas, que alcanzan la deseada perfección, tienen aguyjé. En esta perfección está expresado el ideal de persona humana, con sus virtudes y ejemplos...”.
Para el guaraní hay una relación directa entre tierra-sin-mal y perfección de la persona; el camino de una lleva a la otra. Y así como la tierra-sin-mal es real y está en este mundo, la perfección, que en su grado por excelencia incluye el no morir, es también real y se da en la tierra. La tierra-sin-mal como tierra nueva y tierra de fiesta, espacio de reciprocidad y de amor mutuo, produce también personas perfectas, que no sabrían morir. Tras esta meta, nada utópica, ya que tiene lugar bajo nuestros pies, han ido generaciones de guaraní”.
“Históricamente el guaraní tiene una experiencia innegable del mal en la tierra: es la fiesta imposible, la perfección inalcanzable.” El mal en la tierra, esa “cosa deforme”, no es nunca un fenómeno natural ni una circunstancia meramente ecológica, sino tekó-lógica. El tekó porâ, el buen modo de ser, y el tekó marangatú, el modo de ser religioso, por diversos motivos, se han deteriorado y ha cobrado cuerpo un exceso de tekó vaí, la maldad, que imposibilita el ejercicio mismo de cualquier canto, la producción de un rezo y menos aún la convocación de una fiesta”.
“El mal actual consiste en los montes que son deforestados, en las cercas de las haciendas que cortan los caminos y reducen a nada las tierras indígenas, en el egoísmo de los blancos y en la falta de religión de estos mismos”. “La sociedad guaraní habrá conocido desde antiguo situaciones de crisis muy serias que afectan su vida y su modo de ser. Pero no hay duda de que fue con la entrada del sistema colonial cuando el mal interrumpió con fuerza inusitada y formas inéditas”. “La historia colonial es para el guaraní una progresión de males que parece no tener fin ni límite. El peor de todos los males coloniales será simplemente negarles a los guaraní la tierra. ¿A dónde ir…?”.
Para Melià la fascinación generada por la tierra-sin-mal muestra como una experiencia indígena puede llegar a ser ejemplar y paradigmática para conseguir y trabajar una realidad más amplia y general, como el proyecto – la utopía – de una sociedad más solidaria y más humana. Dicho de otra manera: la “yvy marane´ÿ, es también un verdadero lugar teológico que nos ayuda de manera hermosa a entender y hacer actual la búsqueda del verdadero Reino de Dios.
El pa´i Melià ya ha alcanzado ese Reino: la Yvy marane’ÿ definitiva que es Dios mismo: su amor y su fidelidad en plenitud y para siempre. Ya pisa la Tierra donde no hay llanto ni luto, ni dolor, como nos dice el Apocalipsis sino, sino fiesta, compartir, alegría, banquete... Esa mesa de hermandad Tomeu la comparte con sus grandes motivadores: Antonio Ruíz de Montoya, Pablo Restivo, Nicolás Del Techo, Antonio Guasch, con su maestro, el Sr. Leon Cadogan y otros. Pero -seguro- también estará rodeado y celebrando a lo grande, con los que en verdad le inspiraron, con aquellos a los que siempre llevó en su corazón y a quienes consagró lo mejor de sí: los guaraní. Estos, también felices a plenitud por haber encontrado la Tierra que tanto buscaron y anhelaron. De ellos, de los preferidos del Padre, poniendo a su servicio los dones que el Señor le dio, Tomeu supo hacerse cargo, viendo su realidad de exclusión y pobreza, supo cargar con sus dolores y rechazos y hacerlos suyos, y tuvo también la sabiduría de encargarse de ellos, es decir, de rescatar, defender y reivindicar los valores de una cultura y de una raza, que no solo tienen un infinito valor en sí, sino que pueden ser una verdadera alterativa a esta crisis civilizatoria que nos toca vivir y enfrentar con nuevos modos de vida. Todo un motivador legado para transitar por sus mismas sendas, y con su misma fortaleza y coraje, con la mirada puesta en lo esencial. Gracias querido pa´i.

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