TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (28). ‘TEKOHA’, ‘ÑANDEREKO’ Y ‘BUEN VIVIR’

No solo los pueblos originarios andinos tienen términos semejantes a ‘buen vivir’, o ‘vivir dulcemente’. En el mundo guaraní encontramos también tres expresiones que todavía hoy tienen honda resonancia entre los campesino e indígenas en Paraguay y que son muy entrañables: ‘Tekoha’, ‘Ñandereko’ e Yvy marane´y. Del Yvy marane´y, la tierra sin mal, hablaremos otro día.
Al igual que ‘Sumak Kawsay’, que ya vimos, 'Ñandereko' es una expresión enormemente rica en contenido. Habla de ‘nuestro modo de ser’, de ‘nuestro modo de vida’. Su significado recoge las grandes virtudes que han adornado la vida del pueblo guaraní desde sus orígenes: teko porâ (buen ser), teko joja (justicia), ñe`ê porâ (bien decir, decir las palabras apropiadas), juahu (amor recíproco), kyre´ÿ (ánimo, disponibilidad), py´aguapy (paz, serenidad…).
‘Ñandereko’ es buen convivir porque esos valores nos hablan muy especialmente de cualidad en las relaciones recíprocas, de buena vecindad, del compartir los frutos del esfuerzo: la caza, la pesca, la chacra, la comida. ‘Ñandereko’ nos conduce derechos a la vivencia de la reciprocidad en un sentido muy pleno.
No está en el horizonte del ‘Ñandereko’, como tampoco en Sumak Kawsay, el deseo de vivir mejor, entendido como la preocupación por acumular, por tener más, por usar más de lo necesario, o –aplicado a nuestros tiempos- de vivir atrapados por el éxito profesional. Se aspira simplemente al buen vivir. El peligro que acarrea la aspiración a vivir mejor es que debilita el sentido comunitario y hace a la persona cada vez más individualista.
De ahí que en el mundo guaraní, lo más básico: la tierra, no se la conciba como un simple medio de producción económica. La tierra es esencialmente el ‘tekoha’. ‘Tekoha’ viene a ser el lugar donde se dan las condiciones de posibilidad del modo der ser. La tierra entendida como ‘tekoha’ es un especio social, político y cultural. Lo principal no está puesto en su rentabilidad sino en ser base para la generación de cultura, de un determinado modo de ser y, por tanto, también de vida. Es el lugar donde vivimos según nuestras costumbres.
La exhortación Querida Amazonía del Papa nos habla también de estas cosas. En ella Francisco ha querido compartir cuatro sueños: 1) El de una Amazonia que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida (sueño social, 8-27); 2) El de una Amazonia que preserve la riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana (sueño cultural, 28-40); 3) El de una Amazonia que custodie celosamente la hermosura natural que la adorna, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas (sueño ecológico, 41-60; 4) el de una Amazonía con comunidades cristianas capaces de entregarse y de encarnarse en la Amazonia, hasta el punto de regalar a la Iglesia nuevos rostros con rasgos amazónicos (sueño eclesial, 61-110).
Francisco sabe que la Amazonía es como un banco de pruebas donde se da de una manera especialmente intensa lo que vivimos de manera más fragmentaria en otros muchos lugares pobres del mundo, asediados también por un sistema de producción depredador; lugares donde todavía existen culturas, modos de vida inspiradores por su mayor cualidad en humanidad, como es el ‘buen vivir’ que vamos profundizando. Son modos de vida que no son reliquias del pasado, aunque estén fuertemente amenazados la cultura occidental homogeneizante e irrespetuosa con la diversidad.
Por eso, cuando el Papa nos presenta sus sueños en Querida Amazonía quizá sea para compartir la intuición del poeta que nos recuerda: “Cuando se sueña solo, es únicamente un sueño, pero cuando se sueña juntos, es el comienzo de la realidad”. Ojalá que los sueños del Papa Francisco sean también los nuestros y juntos encontremos caminos para hacerlos vida.

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