TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (27). ADENTRÁNDONOS EN EL PARADIGMA DEL ‘BUEN VIVIR’

Aunque familiar y muy antiguo, ‘buen vivir’ no deja de ser un término nuevo para muchos de nosotros. De ahí la importancia de volver a él para seguir enriqueciéndonos con su capacidad de inspiración. Presente en muchas culturas, en quechua es ‘sumak kawsay’, en aimara, suma qamaña. Se podría traducirse como ‘vida plena’, vida en plenitud, en equilibrio con la comunidad en la que se está inserto y con la naturaleza. De ahí que también se hable del ‘buen convivir’. Por ello, desde este paradigma, desde este modo de vivir la vida, cuando se habla de riqueza, por ejemplo, el significado más profundo de ésta no se refiere a la persona que vive de manera lujosa, que tiene y derrocha mucho dinero, que posee grandes propiedades, autos lujosos o grandes títulos sino, más bien, a la que tiene la abundancia necesaria para compartir, convidar y celebrar con los demás.
Hablando de este modo de vida, un jesuita español que vive en Bolivia, Xavier Albó, describe una interesante experiencia personal, de cuando residía en la ciudad de la Paz. Cuenta Xavier que con frecuencia llegaba a su casa un anciano para pedirle ayuda. Y a pesar de que ya era muy mayor –para justificar su pedido- siempre le decía, ‘es que soy huerfanito’, pa´i. Albó reflexionando sobre esto dice lo siguiente: “En Europa sorprendería que un anciano apelara a sus padres muertos muchísimo tiempo atrás” para pedir una ayuda o una limosna. Pero, a diferencia del mundo occidental en general, en el contexto del pueblo aymara lo que hace que alguien sea rico o pobre no es su poder económico, su plata acumulada. Lo que hace a alguien rico o pobre es la capacidad de vivir acogido y compartiendo con los demás.
Es decir, en el mundo andino, a diferencia de las culturas marcadas por la visión occidental de desarrollo, la cultura está en íntima relación con la vida en su sentido más absoluto. No tanto con el hecho del ‘vivir` meramente físico, existencial, sino de la atención a todo el conjunto de relaciones sociales en donde el ambiente, el sentirse acogido es esencial. Por eso, al hablar de la naturaleza y de todo lo que hay en ella -a diferencia de nosotros que hablamos de ‘usar’, ‘explotar’, ‘producir’ sacar rendimiento, consumir…’, las culturas andinas hablan de ‘cuidar’ y ‘criar’ la vida. Cuidar y criar la vida… Da para pensar…
El cuidado y la crianza de la vida están muy unidos al relacionamiento con todos los bienes comunes, a la chacra, los animales, las plantas, con todo lo que existe, porque cada cosa tiene su lugar y su valor propio. Por otro lado, ese cuidado, esa crianza no se hace en solitario, sino es algo que se hace juntos, en familia, como comunidad. Se trata, por tanto, de vivir en paz, vivir a gusto, de ‘vivir dulcemente’ (traducen algunos).
Qué importante –y qué gran responsabilidad- que nosotros, como seres humanos de otra cultura, con otros saberes, nos abramos a éstos y encontremos también 'el punto': nuestro modo de vida enriquecido por esta honda experiencia de armonía con todo lo creado.

Comentarios