TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (26). HACIA EL ‘BUEN VIVIR’

El ‘Buen vivir’ es un concepto referido a un conjunto de planteamientos que han irrumpido como reacción al modelo actual de desarrollo neoliberal. ‘Buen vivir’ recoge reflexiones y aportes diversos, pero su punto de partida es la experiencia de vida de muchas personas, en diferentes lugares y países. Algunas de estas experiencias de vida son verdaderas tradiciones de grupos culturales que se remontan a muchos cientos de años atrás.
Muchos grupos y colectivos en la actualidad y desde hace años buscan organizar su modo de vivir de manera diferente a cómo lo dicta el actual modelo neoliberal de desarrollo. Experiencias como los almacenes comunitarios de consumo, el trueque, la economía de la solidaridad, la economía de la comunión, son algunos ejemplos de estas prácticas. Se trata de esfuerzos teóricos y experienciales concretas en pos de una vida más humana, donde se coloca a la economía en el lugar que le corresponde, como simple facilitadora de la vida.
‘Buen vivir’ proviene de la palabra quechua ‘sumak kawsay. En lengua aimara se le denomina ‘suma qamaña. Significa a algo así como ‘vida plena’, ‘vida en plenitud’, ‘en equilibrio con la comunidad en la que se está inserto y con la naturaleza’. De ahí que también se hable del ‘buen convivir’. El contexto amazónico y, sobre todo, andino de donde es propio este término, nos habla de la Tierra como de la ‘madre Tierra’, de la ‘Pacha mama’.
Lo que hemos profundizado en Laudato si nos muestra lo que está pasando en ‘nuestra casa común’: contaminación, cambio climático, agotamiento de los recursos naturales, sobre todo del agua, pérdida dramática de la biodiversidad, degradación de la vida humana y de la sociedad, inequidad… Al profundizar en este punto de la inequidad (LS 48-52), el Papa nos dice claramente que “el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y que no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social” (48).
Por ello Francisco hace un llamado a ‘prestar atención’ sobre: a) los niveles de consumo. A veces, señala, parece como si tuviéramos un “comportamiento suicida” (55); b) los poderes económicos que continúan justificando el actual sistema mundial donde priman la especulación y una búsqueda de la renta financiera, que tiende a ignorar el contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente (56); c) la globalización del paradigma tecnocrático que hace que la economía haya asumido y priorizado el rédito; d) las finanzas que han puesto como objetivo la maximización de los beneficios y que ahogan a la economía real de la gente; f) el mercado que, por sí mismo, no es garantía del desarrollo humano integral y de la inclusión de todos en la sociedad (109).
Estos son parte de los problemas a que nos ha conducido el modelo de desarrollo actual. Crisis que nos ha llevado a un verdadero riesgo de extinción como humanidad. Esto es lo que hace urgente la necesidad de efectuar cambios profundos en el sistema de vida occidental y, por tanto, en la concepción de lo conocemos como 'desarrollo'.
El ‘Buen vivir’ y todo lo que contiene este término nos ofrece otro modo de entender y vivir lo que es auténticamente ‘desarrollo’. No tiene la pretensión de constituirse en la alternativa que sustituya al modelo actual vigente. Una pretensión así sería sencillamente absurda (como también lo es continuar viviendo como estamos haciendo, como si no pasara nada).
El Buen vivir –con más o menos intensidad y con diferentes características- es vivido hasta hoy, especialmente en comunidades indígenas, pueblos originarios, comunidades campesinas y otros grupos o comunidades de vida. En ese modo de vida se encuentra una alternativa muy válida e importante para la defensa de la tierra, para una vida más digna. Nos iremos acercando a ella para conocerla mejor y explorar sus potencialidades.
Mientras tanto, es para meditar lo que nos dice el sabio Don Quijote, aunque sea con su castellano un poco enrevesado: “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro -que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima- se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que allí vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío”.
Don Quijote de la Mancha

Comentarios