TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (25). SALIR DEL MODELO ECONOMICO QUE DESECHA Y MATA

Laudato si nos presenta la urgencia de encontrar un nuevo modelo de desarrollo. Veíamos la semana pasada que ésta es una de las notas características de la encíclica. En la primera parte el Papa señala algunos problemas que están sucediendo en nuestro planeta, en nuestra casa común. Para Francisco es evidente que lo que le sucede a la Tierra toca de lleno a los seres humanos y lo que le afecta a los seres humanos, tiene también consecuencias en la naturaleza. Es decir, así como existe comunión de bienes, existe también comunión de males. Una característica de éstos últimos es que afectan más gravemente a los más pobres de la tierra.
Pero los pobres son pobres, no porque los lugares donde viven lo sean, sino por el acoso a que están sujetos debido, en gran medida, al modelo económico que produce enorme daño a la Tierra, al tiempo genera injusticia social. Con frecuencia los lugares donde viven los pobres suelen ser de mucha riqueza natural, en agua, tierra, madera, minerales… Pero es una riqueza muy codiciada por las grandes empresas nacionales y trasnacionales, por los países económicamente poderosos y por los dueños de las grandes fortunas. Como un simple ejemplo, la Coca Cola ya ha comprado inmensas reservas de agua en la India. También lo pretende hacer con el acuífero guaraní. Con el agravante, además, que son recursos naturales que pertenecen a todos. La privatización, incluso de los bienes comunes, en beneficio de una minoría es una de las cuestiones más graves y peligrosas del actual modelo de desarrollo que domina al mundo.
Al neoliberalismo no le importa la limitación de los recursos, ni la degradación del ambiente. Tampoco la pérdida de la biodiversidad, la contaminación del agua, la explotación o la exportación o colocación de las fábricas más contaminantes en los países del sur. No contento con esto, descarta todo lo que no le es útil, como los no nacidos, los ancianos, los empobrecidos, los indígenas… El paralelismo que hace el modelo es dramático: al igual que contamina, consume y tira los recursos del medio ambiente, exactamente hace lo mismo con las personas.
Una novedad que puede agravarse después del covit es que grupos sociales que hasta hace poco se sentían a salvo de ser alcanzados por esta lógica diabólica, cada vez están más cerca de engrosar la lista de los desechables debido al dinamismo implacable del capital de multiplicarse y acumularse cada vez en menos manos. El problema está en la esencia misma del modelo: un constante crecimiento con constante generación de desigualdad.
Veíamos que la cuestión del crecimiento ilimitado que predica este modelo va muy unido al consumismo que promueve y que, imperiosamente exige para sobrevivir. Necesitamos ser muy cuidadosos en este punto. Es justo ahí donde se nos quiere vender como verdad una gran mentira: el neoliberalismo nos quiere hacer creer que las necesidades de los seres humanos son ilimitadas, infinitas. Y esto es sencillamente falso. En realidad, lo verdaderamente ilimitado no son las necesidades que tenemos como humanos, sino –como diría san Ignacio- nuestros deseos desordenados. Más todavía si estos están siendo estimulados continuamente con la publicidad que nos bombardea por todas partes, casi a todas las horas del día. No debemos confundir una cosa con otra, más todavía desde una perspectiva de fe.
Cada vez se hace más patente la urgencia de buscar un tipo de desarrollo que ponga su acento en crecer, pero en lo verdaderamente esencial, sin descuidar las necesidades básicas. De manera bien sencilla, de algo de esto nos hablaba Pepe Mujica cuando nos decía: ”No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices! Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers. En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas de ropa nueva y de cajas de electrodomésticos. No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible. Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción. Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras… el consumismo no es la elección de la verdadera “aristocracia de la humanidad”. Es la elección de los noveleros y los frívolos”.

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