TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (22). CONVERSIÓN, ESPIRITULIDAD Y ECOLOGÍA
El papa trata explícitamente la conversión ecológica en el capítulo 6 de Laudato si: “Educación y espiritualidad ecológica”. Francisco nos da elementos importantes para responder a ese gran desafío social, cultural, espiritual y educativo que plantea la problemática medioambiental. ‘Conversión ecológica’, con la carga moral que tiene la expresión ‘conversión’, expresa claramente el llamado a arrepentirnos de nuestras propias maneras de “dañar la naturaleza” porque, como el mismo Papa nos dice: todos producimos pequeños daños ecológicos (LS 8). Y cita un texto del patriarca Bartolomé que lo clarifica: “Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todos estos son pecados. Un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios”.
La ‘conversión ecológica’ parte de la conciencia de que la crisis ecológica es en su raíz una crisis del hombre mismo. Por ello esta crisis requiere una conversión interior o ecológica “que implica dejar brotar todas las consecuencias [del] encuentro [personal] con Jesucristo en las relaciones con el mundo” (LS, 217). En otras palabras, se busca activamente afectar nuestra forma de pensar, sentir y vivir en el mundo; se apunta a despertar o fortalecer unos “móviles interiores que impulsen, motiven, alienten y den sentido a la acción personal y comunitaria (LS 216).
‘Conversión’ viene de ‘metanoia’, una palabra griega que significa cambio de corazón. En nuestro contexto, hace referencia a un corazón que se ha extraviado en su relación con el mundo de la vida: maltrata a la Tierra, a sí mismo, a los demás y, por tanto, a Dios, y precisa hacer un camino de retorno, de volver a ordenar sus vínculos, sus relaciones, transformando de nuevo su modo de ver, sentir, tocar, experimentar…
Es un llamado a ‘horadar’ las capas del sí mismo, las profundidades del ser, de la conciencia, que es la que más se ha visto expuesta a lo que Francisco llama mentalidad individualista extrema; y a lo profundo del corazón, que es el apetente, el insatisfecho, el deseoso de llenarse con cosas.
En relación con esto, un sociólogo español señalaba que, con frecuencia, nuestra contribución con la destrucción de la Tierra es más problema de ceguera que de maldad. Importante, pues, trabajar por despertar nuestra conciencia al tiempo que enmendamos y reorientamos nuestro corazón hacia lo esencial, en lo personal y en lo comunitario. En lo comunitario es urgente fortalecer la conciencia de que tenemos un origen común, una pertenencia mutua y un futuro compartido por todos. Como tantas veces nos ha dicho Francisco, darnos cuenta que vamos todos en el mismo barco. Y aunque algunos dicen que ese barco se viaja en varias clases, no deja de ser verdad lo que nos dice el Papa: que solamente hay uno y en él vamos todos.
LS en el n. 111 nos llama a vivir “un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático”. Esta es una idea fuerza muy presente en el documento. Como la trasformación viene desde los gestos pequeños, se cuenta la anécdota de que su conciencia por ahorrar energía le lleva a Francisco a apagar personalmente y de forma espontánea, la luz innecesaria de muchos de los pasillos y habitaciones de las residencias vaticanas. Ante el asombro de quienes le rodeaban, su explicación no podía ser más sencilla: “Ahorrando luz se da sueldo a un párroco”.
La conversión ecológica implica vivir desde la lógica del don, donde todo se recibe con gratitud y se da y comparte con gratuidad. Esto implica vivir en armonía consigo mismo y con todas las demás criaturas que nos rodean. Desde una actitud creyente esto tiene como consecuencia la donación total de uno mismo, de su vida, para colaborar en resolver los problemas de nuestro mundo usando nuestra creatividad y entusiasmo (LS, 220).

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