TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (11). ANTES QUE SE DESCUBRA LA VACUNA...

La vacuna para el covit despierta en muchas personas una gran ansiedad. A diario vemos o escuchamos informaciones sobre este tema. En muchos casos son fake news o teorías conspirativas. Si entramos en la web de la Organización Mundial de la Salud –cosa que recomiendo- vamos a encontrar una serie de consejos para la “población acerca de los rumores sobre el nuevo coronavirus (2019-nCovV)”. Habla de la conveniencia o no de usar la mascarilla cuando se hace ejercicio físico, de si los zapatos propagan el virus, de quien produce esa enfermedad, de si el uso prolongado de las mascarillas tiene contraindicaciones o no, de la proporción de recuperados. Dice también con claridad que, aunque hay muchos ensayos médicos todavía no se ha encontrado ningún medicamento para tratar o prevenir el coronavirus. Y señala también que la OMS “está coordinando los esfuerzos para desarrollar y evaluar medicamentos contra el COVIT-19”. Sigue con varias aclaraciones más, pero me quería detener en el tema de la vacuna porque suena fuerte el debate sobre la misma.
Cuando se descubra la vacuna, como sucede con cualquier otro medicamento, lo primero será comprobar su eficacia en relación a sus efectos secundarios. Todos los fármacos tienen efectos negativos y es la proporción beneficio-daño lo que la hará viable o no. La historia de las vacunas muestra que muchas de ellas, como la de la poliomielitis, el tétanos, la viruela, el sarampión, la difteria, etc., han sido regalos para la humanidad que han salvado muchas vidas.
En el caso del covit, la pandemia paralizó al mundo y hay mucho miedo y angustia; también la necesidad de muchos de volver a la normalidad perdida. Son cosas entendibles. El punto es que centrar nuestra expectativa en la vacuna nos puede hacer caer en una trampa: la de no distinguir o dejar pasar cuestiones de fondo que tienen que ver con nuestra propia vida y con la realidad social y política que vivimos y que la pandemia ha evidenciado. Señalo simplemente dos: la primera es la íntima relación de las causas que originaron la pandemia con el modelo de vida y de producción de alimentos que domina el mundo. Varios científicos reconocidos han dado la voz de alarma: con los sistemas de producción de comida que tenemos –dicen- en cualquier momento podemos tener otro virus semejante o mucho más devastador que el covit. Domina un sistema económico mundial que no mira el bienestar de las personas sino que incentiva la acumulación de capital y prioriza el lucro. Y lo hace de tal manera que sencillamente causa un gran daño a la vida en todas sus formas. La segunda cuestión es que la pandemia ha develado el estado calamitoso de nuestra salud pública. Obviamente, esto va más allá de lo que el Ministro de salud haya podido hacer en estos meses. El tema es de fondo. Si el covit nos hubiera golpeado con un mínimo de rigor, no hubiéramos tenido la más más mínima capacidad de reacción. Las medidas tan duras y tan rápidas de poner a todo el país en cuarentena –con el inmenso costo muy especialmente para los más pobres que viven al día y llevan meses sin trabajar...- se explica solo desde la conciencia de quienes conocían bien nuestra inmensa precariedad para haberle hecho frente al virus. Junto con Haití, Honduras y Bolivia, Paraguay va a la cola de toda América en inversión en salud. Hace poco decía –muy sintéticamente- el politólogo M. Lachi - que un Estado moderno es realmente Estado cuando atiende adecuadamente a su población en salud, educación y trabajo. Su conclusión fue que en Paraguay no hay Estado. Por eso choca tanto escuchar de reforma del Estado -de reformar de lo que no existe- a políticos que se benefician con su no existencia. La pandemia, más allá de la tragedia, brinda la oportunidad para que busquemos como ciudadanos los medios adecuados para exigir verdadera salud pública de calidad, para todos y gratuita. El gran tema en salud no es la vacuna para el covit, sino todo el sistema de salud en donde la vacuna será un elemento importante, pero no el único y mucho menos, el fundamental. Si no, que le pregunten a los miles de enfermos de cáncer, diabetes, enfermedades pulmonares, de corazón, accidentados, neurológicos, psíquicos, ancianos, etc. Personas que aunque ignorados e invisibilizados en todo este tiempo por los servicios de salud, y muy mal atendidos u olvidados por años en todos los rincones del país, siguen golpeando con sus angustias nuestra conciencia. Lo hacen a la espera de lo que simplemente es su derecho: una salud pública digna para todos los paraguayos y paraguayas y un Estado que honra y cuida a sus ciudadanos y ciudadanas como realmente se merecen.
Maria Josefina Chamorro, Silvana Escalante y 88 personas más
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