TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (9). TEORÍAS DE LA CONSPIRACIÓN, CORONAVIRUS Y REALIDAD
Desde el comienzo de la pandemia hasta ahora se percibe un aumento significativo de teorías que relacionan el coronavirus con conspiraciones. Hay muchísimos memes, comentarios, artículos en las redes sociales. Algunas de las principales son: responsabilizar a China, al laboratorio de Wuhan y la tecnología G5 como la causante de la pandemia; otra apunta hacia Bill Gates y su complot para vacunar y colocar microchips en las vacunas para controlar a todo el mundo; corre también la teoría del covit como arma biológica creada por científicos chinos; también la contraria: que fue Estados Unidos quien llevó a China el covit para culpabilizar a este país y dañar su cada vez mejor posicionamiento mundial; muchos afirman que, en realidad, el covit no existe, que detrás se esconde un complot de la elite económica mundial que busca reprimir, quitarnos libertad; o que son las grandes farmacéuticas mundiales las creadoras del virus para después lucrar con la venta de la vacuna.
Las teorías de la conspiración han existido desde siempre, pero han sido bastante marginales. La novedad es que últimamente se han fortalecido. Autoridades de distintos países se han visto obligadas a desmentir acusaciones de conspiración (caso de los presidentes de China y Estados Unidos). El avance de estas teorías de la conspiración se suelen atribuir, o a la ignorancia de la gente o a verdaderas campañas de desinformación que tienen como objetivo sacar beneficios económicos o sembrar la desconfianza y el caos. El dato es que van permeando las opiniones de muchos en muchas partes del mundo. Un porcentaje importante de norteamericanos, por ej., piensa que China está detrás del coronavirus; muchos en los cinco continentes creen que hay un complot de domino de la población mundial a través de la combinación de la futura vacuna, nanorobots y la conexión a la G5. En nuestro ambiente de Paraguay suena fuerte que el coronavirus no existe, que es un invento para que los corruptos se aprovechen y roben todavía más.
Los análisis sobre la personalidad de los que tienen tendencias conspirativas, o sobre la inconsistencia de estas teorías son bastante coincidentes: suelen tomar algún dato cierto y mezclarlo con otros falsos, suposiciones e ignorancia; también hay consenso sobre los mecanismos que suelen operar en la psicología de las personas expuestas a grandes incertidumbres o miedos. Tratando de explicar este fenómeno, un analista político decía algo que me resulta muy clarificador: "Nos resulta más fácil aceptar una teoría de la conspiración porque la realidad es mucho más caótica, azarosa y difícil de asumir." Es decir, es propio de teorías conspiracioncitas los momentos de gran confusión, incertidumbre o de caos social. El actual es uno de esos momentos.
Estas teorías, por tanto, como dice el refrán: “Dicen lo que no es y cuentan lo que no pasa…”. Pero aun “contando lo que no pasa” creo que debemos prestarles atención, porque algo nos están queriendo decir, aunque sea otra cosa distinta a lo que aparece. Al analizarlas más en detalle resaltan en ellas algunos elementos coincidentes, que no son de una importancia menor. Las teorías de la conspiración no son creadoras, son falsas y no pueden explicar nada o casi nada. Sin embargo, hacen la función de reflejo; son como espejos que reflejan de un modo más o menos potente algo importante que está aconteciendo, que sucede en la realidad que las produce (nuestra sociedad). Proyectan a todos lados recelo, disconformidad y una gran falta de confianza en la situación actual. En el fondo son como una denuncia -sui generis- a los gobiernos liberales occidentales, al status quo; una denuncia a su clase política, a los grandes consorcios, trasnacionales y élites mundiales que gestionan para provecho de una minoría lo que debería ser para el bienestar, para la vida digna de todos. Creo que eso no se debería perder de vista.

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