TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (8). “COMO PAN HECHO EN CASA.”, REFORMA, PROCESOS Y SINODALIDAD

Francisco no ha pasado desapercibido desde que fue elegido Papa. Algunas de las revistas mundialmente famosas han dicho de él que es una de las personas con más autoridad moral, o más influyentes del mundo. También han sido numerosos los comentarios sobre su modo de llevar adelante la Iglesia. Se ha valorado como ha sabido romper la imagen casi mítica de los sucesores de Pedro. Salió del palacio papal para vivir de modo sencillo en la casa de huéspedes del Vaticano; viste modestamente, recibe a jefes de Estado y famosos, como a personas de otras religiones, deportistas, gente humilde, amigos; cuestiona a autoridades, defiende a los refugiados; da entrevistas en diarios, radios, Tv; habla de modo que todo el mundo le entiende; defiende a los pobres y denuncia el neoliberalismo que explota a las grandes mayorías y destruye a la naturaleza; acoge y tiene la palabra oportuna de ánimo y esperanza para grupos que como Iglesia habíamos estigmatizado u olvidado: gays, lesbianas, víctimas de abusos, divorciados, separados. Muchos, cristianos y no cristianos, encuentran en Francisco sencillez y hondura al tiempo que mucha verdad y humanidad. Alguien famoso del mundo de la música lo caracterizó con una hermosa imagen: “El Papa Francisco es como el pan hecho en casa”. ¡Casi no se puede decir más y mejor en tan pocas palabras! Francisco, comparado con rico pan, tierno, caliente, recién salido del tatakua, fruto de manos que amasan con amor.
Su frescura y su novedad tienen que ver con muchas cualidades suyas. Pero hay una que quiero rescatar, que en el Papa se expresa de modo connatural; es su enorme capacidad de llevar a la práctica lo que dice de palabra, lo que quiere. Es lo que contemplamos en Jesús cuando proclama la buena noticia del Padre y, a continuación, cura, sana, alivia. Lo que sale de su boca se convierte siempre en vida.
Frecuentemente Francisco usa tres expresiones que para mí resumen su pontificado: “Reforma de la Iglesia”, “iniciar procesos más que ocupar lugares” y “sinodalidad”. Son muy significativas porque la primera expresa el horizonte hacia donde apuntan todos sus esfuerzos; la segunda nos habla del método, de su manera de alcanzarlo y, la tercera, del instrumento, su herramienta para la reforma. Los procesos de reforma ya los comenzó hace tiempo –y casi solo- en su propia casa, con las finanzas del Vaticano, los dicasterios, la formación de los futuros sacerdotes, etc.
Pero en este momento se está dando una verdadera novedad en lo que respecta a la sinodalidad. En continuidad con el Sínodo de la Amazonia, el pasado 29 de junio (¡justo en la fiesta de San Pedro y San Pablo!) Francisco daba nacimiento en Roma a la Conferencia Eclesial de la Amazonia. No se trata de una Conferencia episcopal -que ya conocemos- sino de una Conferencia eclesial. Es la primera experiencia de este tipo en la Iglesia desde hace muchos siglos. En ella se encuentran representados todos los rostros del territorio amazónico: obispos, pastores y pueblo en toda su diversidad. En este nuevo espacio la mujer -como sujeto clave de la evangelización- está claramente reconocida. La Conferencia Eclesial de la Amazonia es el inicio de un proceso abierto hacia una nueva manera de ser Iglesia basada en la sinodalidad, pero real,efectiva. Un obispo la llama “un banco de pruebas que conecta con el sueño programático del Papa Francisco marcado en la Alegría del Evangelio y, al mismo tiempo una concreción del Vaticano II”. Lo iniciado tiene un calado todavía inimaginable. Comenzó en la Amazonia pero que tiene vocación de llegar mucho más lejos. Lo dicen los mismos protagonistas: “Lo que se ha iniciado en la Amazonia es para el mundo entero”. Esto ha sido posible porque, como dice el mismo Francisco en EG: en los procesos de la Iglesia, hay momentos en los que la jerarquía se tiene que poner al frente, en otros casos en medio y en otros detrás. Así han comenzado a caminar. Con las experiencias de pobreza y marginalidad, de persecución y de vida martirial, de perseverancia y de fe firme de laicos, pastores y obispos la iglesia amazónica comienza a fructificar. Realmente, Francisco ha sabido ser como ese rico “pan hecho en casa” que alimenta de modo concreto las esperanzas de cambio en nuestra Iglesia y le da fuerzas para hacer todos juntos el camino.

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