TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (10). TALANTE DE VIDA Y "NUEVA NORMALIDAD"

Durante meses hemos sido sometidos a un verdadero bombardeo noticiero. El coronavirus y la pandemia en algunos momentos llegó a cubrir el 90 por ciento del total de las noticias periodísticas. Esto ha hecho mucho daño y pone de manifiesto la importancia de saber elegir lo que leemos o escuchamos; de ponerle un claro límite al tiempo que le dedicamos. También es evidente el daño real de la cuarentena: en condiciones de vida, pérdida de trabajos, educación, salud, relaciones, empobrecimiento, miedos, incertidumbres en relación al futuro, etc. Es un tiempo donde, si bien ha habido mucha creatividad y se ha hecho mucho, también se ha vivido y sufrido mucho. Dice el Papa Francisco, en referencia a este tiempo, que “estamos en un momento de tribulación y que de las experiencias dolorosas no se sale igual. Se sale mejor o se sale peor, pero no de la misma manera que entramos”. Personalmente resueno con esa afirmación porque, además, la realidad donde volvamos tampoco será la que hemos dejado. Son muchos los que ya hablan de la “nueva normalidad”. Si la disyuntiva es: o salimos mejor o salimos peor, es importante descubrir qué nos podría ayudar para salir mejor; cómo aprovechar esta realidad para salir fortalecidos de ella.
Creo que una de las claves está en vivir este tiempo como una oportunidad, y no como un infortunio o una desgracia. Vivir este tiempo tan complicado y doloroso como una oportunidad conlleva algunas actitudes bien concretas: a) la aceptación de la realidad tal como es; b) la confianza en que el Señor camina a nuestro lado, cuidándonos c) la gratitud consciente que la identidad del Padre es fidelidad y misericordia, y d) la perseverancia. Quiero detenerme un poco en esta última. Han aparecido nuevos brotes de contagio del coronavirus en varios lugares, dentro y fuera del Paraguay. Quizá tarde en irse y hay que saber enfrentar la situación por más tiempo de lo que habíamos supuesto.
En la teología se habla indistintamente de paciencia y perseverancia. La palabra paciencia fue tomada del latín y viene de ´patientia´, que significa paciencia; tiene un carácter más bien pasivo. Suena a calma, a aguante, a resignación, a conformismo. Perseverancia fue tomado de la lengua griega, de la palabra ´hypomoné´ que significa permanecer. Tiene un sentido proactivo, resiliente, de persistencia, de constancia. La perseverancia aguanta y soporta, pero enfrenta lo que tiene que soportar y no se queda porque es eminentemente activa. Por desgracia, en la tradición cristiana se ha impuesto más la ´patientia´ que la ´hypomoné´.
Para vivir este tiempo como oportunidad necesitamos recuperar el sentido genuino de la ´hypomoné´. Ciertamente tiene que ver con el aguante y la resistencia y hoy es un claro ejemplo de ello. Pero ser perseverantes es no quedarse en el presente, sin más. La perseverancia tiene la virtualidad de contemplar la vida y sus acontecimientos más importantes como maduración del proyecto de Dios –aunque sea éste casi imperceptible- y de mantener confiadamente los ojos clavados en la Promesa. Y porque confía en la Promesa de un Dios fiel, como dice un Padre de la Iglesia antigua, “nuestra perseverancia no es por un instante y sin alegría…”. Es para hoy y para siempre. Y es por ello que la perseverancia –como señala otro Padre de la Iglesia- está llamada a expresarse, también en estos tiempos de dolor e incertidumbre: “en nuestros actos, en nuestras palabras, en nuestro rostro, en nuestro corazón”.

Comentarios