TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (4). POLÍTICA Y COMPROMISO CRISTIANO
La política es casi tan antigua como la vida misma del hombre. La necesidad
humana de organizarse para vivir juntos ya los encontramos en el Neolítico.
Pero tal como la conocemos en la actualidad tiene su raíz en la filosofía griega,
unos siglos antes de Cristo. Además de definir al hombre como animal político,
Aristóteles señaló que el hombre es un ser social, que la existencia del Estado
es esencial para el ser humano, que éste necesita del Estado para llegar a ser
verdaderamente persona. Para Aristóteles el hombre, animal racional, tiene como
característica propia la palabra, el logos. Es capaz de emitir sonidos con
sentido, racionales. Es el único capaz de dar a su comunidad el sentido de lo
ético, es decir: de lo justo y de lo injusto, de lo bueno y de lo malo, de lo
conveniente y de lo inconveniente. La reflexión sobre estos temas ha continuado
hasta el día de hoy. La política no pasa de moda, menos todavía el ejercicio de
ésta. Y en Paraguay, los tiempos de pandemia son también tiempos de una gran
densidad política. Un simple vistazo a las redes sociales visibiliza no solo un
gran malestar, sino una verdadera indignación de muchísimas personas por el
modo de proceder de muchos de nuestros representantes. Es también esperanzadora
la toma de conciencia, el despertar, en relación a lo que está pasando.
Puede ayudar para ello conocer lo que el Papa dijo a los miembros de la
Academia de Líderes Católicos en Roma hace unos meses. Leerlo en clave de
interpelación al cambio interior, al replanteamiento de actitudes de personas
que hoy detectan cargos públicos que sencillamente, no lo hacen bien; también
puede ayudar a reflexionar a otros que se plantean el salto a la política
activa. Los tiempos de pandemia son un verdadero paso de Dios, un kairós, para
todos -muy especialmente para los que detectan autoridad de representación- por
los que el Señor llama a una verdadera revisión del modo de ejercer la labor
política. En ese encuentro Francisco, entre otras cosas, les señalaba a los participantes
que “la política no es el mero arte de administrar el poder…. Que es una
vocación de servicio… para la generación del bien común”. Francisco cuestiona
así la política como un ejercicio de dominio de unos sobre otros; la política
contemplada como un egoísmo inteligente y socializado, como el arte de tomar el
poder para simplemente conservarlo y utilizarlo en el propio provecho o de
hacerlo converger a intereses de grupos, familias, partidos o clases
privilegiadas. Este tipo de política tiene como base una antropología que mira
al hombre como un ser egocéntrico, egoísta, consumidor, competitivo, solitario,
en donde el hombre es `lobo para el hombre´. La visión del hombre de un
cristiano en política acentúa su valor y su dignidad, su ser de hijo de Dios y
amado por él; se fija en la hermandad, la sustancial igualdad de todos. Ama la
justicia, el compartir, la convivialidad, la solidaridad.
Por ello, desde una perspectiva cristiana la vocación política nace en una
comunidad y con vocación para la comunidad; hay un reconocimiento de unos para
con otros, sin distinción de tipos de persona, de clases sociales, de poder
económico o estatus… porque en el centro se halla la persona de Jesús, que no
hace distinción entre sus hermanos y hermanas. La cercanía con el Señor ofrece
una mirada nueva, compasiva, sobre la realidad y busca el bien común. Por eso
nos dice el Papa que “la política es una vocación de servicio… que sólo
concibiéndola así la política colabora a que el pueblo se torne protagonista de
su historia y evita que las así llamadas ´clases dirigentes´ crean que ellas
son quienes pueden dirimirlo todo”. Y refiriéndose a AL, Francisco señala que
hay tres sectores clave portadores de un proyecto de futuro: las mujeres, los
jóvenes y los pobres. Las mujeres porque aportan esperanza; los jóvenes “porque
en ellos habita la inconformidad y rebeldía que son necesarias para promover
cambios verdaderos”; los pobres y los marginados, porque en ellos la Iglesia
encarna su opción preferencial. Los tres son un lugar de verificación de la
autenticidad del compromiso católico en la política. Es decir, no se trata
tanto de presentar nuevos rostros en política, sino nuevas alternativas que den
voz a sectores de movimientos populares y que “expresen sus luchas auténticas”.
El Papa afirma que “hacer política inspirada en el evangelio desde el pueblo en
movimiento puede convertirse en una manera potente de sanear nuestras frágiles
democracias y de abrir el espacio para reinventar nuevas instancias
representativas de origen popular.
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