“QUÉDENSE EN CASA…”, SÍ, PERO CÓMO

 

Algunas de las lecturas bíblicas de estos días han enfatizado mucho el “permanezcan en mi amor” de Jesús a sus discípulos; hoy domingo nos dice “ámense unos a otros como yo les he amado”. Qué mucho se parece ese pedido del Señor de permanecer en su amor con el “quédense en casa” tantas y de tan diversas maneras repetido en estos tiempos del coronavirus. “Quédense en casa” es una manera hermosa -bien concreta- de mostrar amor a los otros. Al quedarnos en casa nos cuidamos, nos protegemos, no exponemos al contagio a ancianos, criaturas, enfermos, personas especialmente vulnerables… La cultura del cuidado, como nos dice el Papa, es una expresión de amor. Esto es así y quiero subrayarlo, valorar mucho la seriedad, la responsabilidad con que miles de personas se han tomado esta cuestión en nuestro país.

También es verdad que Jesús precisa bien. Nos dice permanecer ´en su amor´. Al verdadero amor, al de Jesús, San Ignacio lo llama amor discreto. No en el sentido de arandu, de listo, inteligente, mucho menos de vivo… El amor de Jesús -amor discreto- es un amor que discierne, que es lúcido, que examina porque busca no engañarse, yendo más allá de las apariencias. Al detenemos en el “quédate en casa” descubrimos dos aspectos que pueden hasta chocarnos: uno es que en nuestras ciudades hay mucha gente –especialmente indigentes, indígenas, niños, adolescentes- que no tienen casa, que su casa es la calle, el puente, la terminal… También resalta que no es lo mismo “quedarse en casa” cuando somos pocos, la casa es amplia, espaciosa, tiene jardín, garaje, quincho, que cuando somos muchos, su estructura es de apenas 50 mt2 y por quincho, jardín o patio tiene la calle o la canchita del barrio; que no es lo mismo quedarse en casa cuando disponemos de tarjeta de crédito para nuestras compras, que cuando vamos con el bono de Pytivô de 500.000 Gs o de Ñangareko (de 570.00 mil) para solucionar la comida de un mes… Además, sin saber siquiera si se le cargó la plata, si ya nos la robaron o si le han dado un mordisco de 100 o 200 mil a su crédito. Quedarnos en casa cuando tenemos trabajo seguro, cobramos con nómina, tenemos IPS no es lo mismo que quedarnos en casa cuando nuestra familia depende de lo que ganamos al día o cuanto la comida la solucionamos en la olla popular. En esas condiciones vive el 50 por ciento de las familias trabajadoras de nuestro país. Son solo algunos de los ejemplos; pero es por eso que un sociólogo francés, viendo las penurias de la gente en un barrio pobre de las afueras de Paris, llegó a afirmar -no sin cierta ironía- que “quédate en casa” tiene un `cierto sabor a burgués`.

Lo segundo es que mientras estamos en casa, varios de nuestros políticos están bien activos, pero para nada bueno. Aprovechan el momento para seguir dando cauce a su ambición sin límites y no cesan de dar dentelladas a lo que viene para cubrir las urgencias de los más golpeados por la pandemia. Para estos políticos la desgracia de la mayoría es una oportunidad, una excusa perfecta. Aunque la información no es del todo clara, entre los préstamos ya concedidos y los que se espera conseguir el total estaría entre mil seiscientos y tres mil millones de dólares. Es una deuda a añadir a la que ya teníamos... ¿Cuál está siendo su uso? Gran parte está destinada, no a salud, desempleados, ayudas para la activación de las pequeñas o medianas empresas, sino para mantener el nivel de gasto público (sueldos de los que viven del Estado, dietas, privilegios, corrupción, y poco más.

Eso lo podemos saber porque el amor discreto tiene otra característica importante: se fija y saca a la luz las verdaderas intenciones y motivaciones de lo que hacemos. Si las motivaciones e intenciones de la mayoría de nuestros políticos hubieran sido de amor del bueno, ya hubieran comenzado una verdadera reforma del Estado, no hubieran rechazado las leyes para poner impuestos a la soja, al tabaco, a las gaseosas, a los latifundios, a todo lo que concentra la riqueza en unos pocos y produce miles de pobres en el país. Pero increíblemente -si no lo evitamos- va a ser de nuevo los pobres los que al comprar “para su” galleta, harina, azúcar, aceite, yerba, ropa o calzado, estarán de nuevo pagando través del IVA esos préstamos de los que realmente no fueron beneficiarios. Los recortes en Salud y en Educación no se escaparán de esa carnicería.

Por eso es tan importante saber cómo es que tenemos que quedarnos en casa.

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