EN MEDIO, AL LADO O DELANTE, PERO SIEMPRE CON NOSOTROS
Quizá llame un poco la atención la lectura del evangelio de este domingo.
En plena pascua probablemente hubiéramos esperado escuchar el relato de alguna
de las apariciones. Sin embargo, la liturgia nos ha presentado la escena de
Jesús como buen pastor, que corresponde a otro momento de la vida del Señor.
No, los liturgistas no se han equivocado. Lo que sí es verdad es que Juan 10
tenemos que contemplarlo en clave pascual. Con él se nos da la oportunidad de
hacer algo así como una repetición (pero no como un castigo, como si hubiéramos
hecho mal una tarea…). Repetir en la vida del espíritu –y sobre todo en este
tiempo pascual- es una oportunidad de volver a sentir y gustar con el corazón
algún aspecto de la resurrección del Señor, también con otro tipo de textos.
Cada vez que lo hacemos, su signficado y lo que implica va quedando más
hondamente grabado en nosotros. Si recordamos, hace dos domingos el Señor se
presenta en el cenáculo y lo hace colocándose en medio del grupo de discípulos
acobardados; es el modo de darles confianza, pacificarlos, de mostrarse como
vínculo de unión de esa pequeña comunidad; el domingo pasado vuelve a
aparecerse a los dos peregrinos que caminan entristecidos hacia Emaús. Jesús
esta vez se coloca al lado de ambos, a su nivel, a su paso, les consuela,
conversa, y les da el colirio que necesitan para ver y entender con el corazón
todo lo ocurrido. En la lectura de hoy el Señor se presenta de nuevo y lo hace
como pastor, es decir, colocándose delante, al frente del grupo. En la Biblia pastor
es sinónimo de seguridad, confianza, cuidado, guía, alimento, protección,
abrigo, amor... Y, aplicado al Señor Jesús y a nuestra vida, ¿nos lo podemos
imaginar…? ¿Y lo que implica...?
La fe en resurrección del Señor es un llamado a conformar toda nuestra
existencia a partir de esa experiencia. La Palabra de Dios tiene muchos modos
de ayudarnos a fijar en nuestra vida en esa actitud filial, de fe viva, amorosa
en Él. Hace dos semanas fue diciéndome que el Resucitado está ubicado en el
centro mismo de su comunidad, de sus amigos, de mi vida; la semana pasada lo
hacía colocándose bien a mi lado; en ésta se me presenta caminando delante. Son
tres modos de decirme lo mismo: no se cansa de repetírmelo...
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