LAS MUJERES, CASI SIEMPRE LAS MUJERES…

 

Sucedió la madrugada del domingo, tal como nos lo cuenta Mateo en el cap. 28 del evangelio de anoche. Mientras que los discípulos estaban escondidos, derrotados por el miedo o la desesperanza, ahí estaban ellas frente al sepulcro: María Magdalena, la otra María... venciendo el temor, haciendo frente a la tristeza; y todo porque habían amado mucho al Señor, porque le habían amado más que a nada y a nadie en el mundo.

Hoy las mujeres se siguen adelantando, llegando primero. Lo hacen ` vestidas de blanco` haciendo frente a la pandemia en centros de salud y hospitales; lo hacen repartiendo canastas de alimentos a familias y a niños en escuelas y colegios; lo hacen organizando comedores y ollas populares en barrios y asentamientos pobres por todo el país… Sin dejarse llevar por el miedo, siempre dispuestas a estar allí donde la vida corre densa, intensa, frágil, precaria, necesitada… Donde la vida está amenaza y justamente para eso: para que no falte lo esencial, la Vida.

Quizá sea esa la razón por la que Jesús Resucitado -en el mismo Mateo un poco más adelante y primero que a nadie- a esas mismas mujeres las saluda con una invitación a la alegría. Y no es para menos: ¡tener la sabiduría de saber estar donde se tiene que estar! ¡Muy feliz Pascua.! Agradecido.

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